DEMOS GRACIAS A DIOS.

CasanariPRENSA

julio 14, 2025

Demos gracias a Dios porque Miguel Uribe Turbay, hoy, cuenta con lo que tantos han suplicado en vano: un servicio de salud digna, en su caso, más de cincuenta personas dedicadas a su cuidado, medicamentos, atención oportuna, dignidad en la enfermedad.

Qué fortuna la suya, pero ¿tal vez sea porque él sí se la merecía, mientras el pueblo que el tanto despreciaba, no?

Demos gracias a Dios, sí, porque Miguel —tan defensor del libre mercado en la salud— no ha tenido que sacar la billetera para que lo atiendan. No ha tenido que mendigar una cama ni aguantar el peregrinaje cruel entre hospitales, ese que tantos conocen como “el paseo de la muerte”.

Un paseo de la muerte contra los pobres que tanto alegraba y hacía festejar al Gran Miguel Uribe Turbay durante su “encomiable” paso por el senado.

Qué alivio que al héroe que hoy nos pintan los medios de comunicación siempre afectos al victimario y contrarios al pueblo, Don Miguel Uribe Turbay, no lo hayan obligado a esperar una cita durante meses. Qué consuelo saber que no ha debido morir en una sala de urgencias sin oxígeno, como tantos que no tuvieron amigos en las EPS ni respaldo de partido, ni homenajes permanentes en los grandes medios.

Es justo agradecer a Diós en estos momentos porque, a pesar de haber defendido un sistema que empobrecía al enfermo, Miguel Uribe Turbay hoy cuente con lo mejor que ese mismo sistema le negó a millones.

Porque Miguel, que nunca alzó la voz para detener la corrupción en la salud, que jamás defendió los recursos destinados a los tratamientos de los hijos del pueblo, hoy puede descansar tranquilo en una cama limpia, con medicamentos a la mano —esos que las empresas privadas cobraban a precios impíos mientras los negaban al necesitado—.

Demos gracias a Dios, sí. demos gracias a Dios porque hoy Miguel Uribe Turbay goza de un privilegio que él mismo ayudó a restringir al pueblo.

Gracias a Dios porque la vida, que a veces parece indiferente, también nos ofrece estas ironías tan delicadas: que los arquitectos del despojo puedan probar —desde la comodidad del privilegio— lo que el pueblo nunca pudo.

Que sea Dios quien juzgue, pero Nosotros ya entendimos. Si como pueblo permitimos que nos conviertan a los victimarios en héroes, lo habremos perdido todo.

Mi nombre es Urías Velázquez y los autorizo a distribuir este mensaje en donde lo deseen.

Categorias: Artes / Cultura
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