¿AVANCE SOCIAL O FRAGMENTACIÓN PROGRAMADA? “LA LIBERTAD QUE DIVIDE”

CasanariPRENSA

julio 9, 2025

Por/ Miguel Darío Burgos – Líder Social. “las opiniones expresadas en ésta columna solo obedecen a su autor y no representan la línea editorial de Casanari PRENSA.com”

En el nombre de la libertad se han librado algunas de las batallas más nobles de la historia por ejemplo las mujeres lucharon por su dignidad, las minorías sexuales por su reconocimiento, los pueblos oprimidos por su autonomía, los obreros por sus derechos. Sin embargo, en tiempos recientes, pareciera que esa misma libertad ha sido vaciada de contenido, convertida en un eslogan repetido hasta el cansancio, una bandera ondeada por todos, pero al servicio de nadie.

Hoy vivimos bajo una aparente multiplicidad de causas, discursos y estéticas que prometen emancipación, pero que, en muchos casos, terminan cumpliendo una función contraria: la fragmentación social, la polarización sin propósito y el entretenimiento como forma de control. ¿Es  libertad en la que vivimos, realmente?, ¿O es una jaula disfrazada de elección individual?

Tomemos como ejemplo la expansión del discurso LGBTIQ+ o del feminismo liberal. Ambas son luchas históricas que nacieron del dolor y la exclusión, pero que en su versión institucionalizada y comercial han sido absorbidas por el sistema. Hoy, grandes marcas y partidos políticos ondean banderas arcoíris o de género sin mover un dedo contra la precariedad, la violencia o la desigualdad estructural que siguen oprimiendo a millones de personas. Se reemplazó la justicia social por la corrección simbólica. Se cambió la lucha colectiva por identidades de mercado.

Lo mismo ocurre con el arte y la cultura urbana. Lo que fue expresión auténtica de los barrios, ahora se vende en letras que glorifican la misoginia, el dinero fácil y la banalización del sexo. Lo que era protesta se volvió producto. Lo que era dolor social se convirtió en coreografía para TikTok. En paralelo, emergen formas religiosas que, lejos de conectar con lo trascendente, someten a las personas a discursos de obediencia, culpa y prosperidad individual. El capitalismo encontró cómo hablarle y doblegar al alma… pero sin liberarla.

En este escenario, las élites no necesitan imponer el miedo con tanques, ni utilizar censura explícita. Les basta con un menú de “libertades” que nos dividen, nos distraen, nos confunden por ello mientras discutimos sobre pronombres, estilos de vida o quién puede decir qué cosa, las estructuras de poder siguen intactas, blindadas, e incluso reforzadas por nuestra desunión.

La verdadera libertad no es hacer lo que se nos antoje en nombre del yo (egocéntrico), es poder construir un nosotros consciente, con sentido, con memoria, con comunidad por lo cual la emancipación no consiste en elegir entre mil etiquetas vacías, sino en cuestionar quién diseña esas etiquetas, con qué propósito y a costa de qué.

No se trata de rechazar lo diverso ni de añorar regresiones autoritarias. Se trata de recuperar el alma profunda de las luchas sociales, de desenmascarar las libertades falsas para reconectar con un horizonte común que no se convierta en enemigos de nosotros mismos.

Recuerden siempre “si la libertad” nos aísla, nos enfrenta y nos vuelve indiferentes al dolor del otro, entonces “no es libertad” pasa a ser una estrategia silenciosa de dominación.

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