Llena de orgullo por el origen de la música ancestral y la ejecución magistral de “la Cirrampla, el Furruco, el Cuatro y las Maracas” por los niños estudiantes del E.E. la Inmaculada de Orocué, interpretados como instrumentos ancestrales para producir música autóctona (original) “música llanera”, acción que visualiza a los niños cómo aquel bastión que perdura para no dejar morir una de las diversas manifestaciones culturales del llano de Casanare.
Para explicar y describir el proceso que se usa para generar sonidos armónicos a través de éstos tres instrumentos, esto quiere decir que, al ordenar y clasificar la experiencia podemos generar conocimiento y propiciar el entendimiento originario de la música llanera.
Por ende, al sistematizar el hecho cultural sobre la ejecución magistral de instrumentos ancestrales para producir “música llanera”, en el marco del programa presidencial “Artes para la Paz” desde ya, contribuye en la organización de la experiencia musical descrita, la cual debe facilitar su comunicación por sí misma para recuperar saberes, evaluar prácticas e incluso teorizar sobre el hecho de interpretación musical instrumental.
Para que con esta experiencia se logre apreciar cambios y entender ¿cómo y por qué? se produjeron ciertos hechos modificatorios de la cultura llanera para que sirvan como aporte al conocimiento con perspectiva al futuro y por ello se documenta cada uno de los aspectos con el mayor grado posible de fundamento técnico basado en la oralidad ancestral.
LA CIRRAMPLA
Según los hechos históricos construidos a partir de la versión oral, dicen los ancestros Sálibas de Orocué, que la Cirrampla es un instrumento de una sola cuerda que se aprovechaba para emitir sonidos graves y agudos, la cual usaban durante sus viajes nómadas y en los momentos de descanso, el instrumento que arrullaba el dormir de toda la tribu cuando acampaba después de un largo caminar por el monte (selva-sabana-llanura) y cuando se hacían los rituales para agradecer a la madre tierra por hospedarlos en su interior, el sonido que se emite usando la boca como caja de resonancia, es un sonido catalogado por ellos como dulce y suave pero a la misma vez triste al oírlo.
El sonido de la Cirrampla en la actualidad fue reemplazado por el sonido del arpa y la bandola, la Cirrampla se conoció en épocas inmemoriales y se usaba en los llanos de Casanare y Arauca desde antes de la época que los jesuitas pretendieran adoctrinarlos en los llanos.
Una clavija de metal, una cabeza de madera, un puente y/o cejilla, la verada (varilla delgada y liviana que se obtiene de la caña brava) trastes – guías, tapa armónica de cuero que cubre la concavidad de la cascara de un coco (fruto de la palma de coco) en su parte superior atravesada por una cuerda sintética de nylon, la cual funciona como caja de resonancia amplificando el sonido de ésta sola cuerda y que al tocarla con los dedos ayudado de un (pic, pua o uña) emite un sonido grave y agudo, recogido por un conector plug and play como micro amplificador de sonido (hembra-macho) que se ensambla para recibir los sonidos producidos por los accesorios reseñados, lo cual da vida a la histórica y ancestral Cirrampla, la que hoy retumba a lo largo y ancho de los Llanos Orientales, generando un resurgir del instrumento musical autóctono y ancestral que antiguamente reemplazaba el sonido del arpa y la bandola, como instrumento principal con el cual los criollos artistas llaneros ponían a “joropear” a los mismos criollos en épocas de antaño.
EL FURRUCO
Se trata de un pequeño membranófono tambor usado inicialmente por los ancestros sálibas para marcar los tonos bajos como instrumento de percusión de sonidos indeterminados, su estructura la forma un cilindro de madera hueco que en la parte superior está forrado con cuero de venado y en el centro tiene una verada de caña brava.
El sonido se produce cuando el músico toma con sus dos manos la verada encerada y la desliza hacia abajo, esta caña brava es la pieza que apropiadamente manipulada por el ejecutante vibra con la caja de resonancia, produciendo un sonido ronco, profundo, de registro grave, de gran sonoridad generado por la vibración que se escucha similar al instrumento moderno, llamado bajo.
Es de resaltar que al frotar esta caña brava con las manos, la vibración se traslada al parche de cuero de venado produciendo un sonido grave similar al rugido de un tigre y en el conjunto hace el acompañamiento rítmico, porque siempre resuena la misma nota grave. 
EL CUATRO
Es un instrumento cordófono de la familia de la guitarra, el cual forma parte del folklore llanero y acompaña en ensamble a la cirrampla, el furruco y las maracas para interpretar el baile del joropo y el pasaje además de las canciones populares, el cual tiene una rica historia que se remonta a las raíces de la música tradicional llanera colombo-venezolana porque la melodía del cuatro es inconfundible y ha sido utilizada para transmitir historias, emociones y la esencia del folclore llanero.
Por consiguiente, se puede colegir que el cuatro es originario de los llanos orientales, como el instrumento que acompaña las faenas diarias de los llaneros, siendo un compañero inseparable en los momentos del zapateo en las festividades.
El cuatro es parte inherente de los conjuntos propios de música llanera, en unión con la cirrampla, el arpa llanera y/o la bandola, según el caso y las maracas que tienen la función de acompañamiento, aunque también puede conquistar un puesto de solista, como instrumento de concierto, en algunos casos.
El cuatro llanero se toca rasgueando las cuerdas con la mano derecha y haciendo los acordes con la mano izquierda porque la afinación estándar que posee no permite muchas salidas de este esquema, por lo que a veces es necesario cambiar la afinación del cuatro solista para llegar a nuevas posibilidades melódicas según el caso deseado.
Entre las partes del cuatro encontramos la Cabeza, Diapasón, Caja armónica, Clavijas, Cejuela, Traste, Barras, Tapa, Boca, Cuerdas, Puente.

LAS MARACAS LLANERAS “PALO CRUZAO”
Cuando uno escucha el sonido alegre y vibrante del joropo, hay un instrumento que es dulce y suave entre todos como lo son las maracas “Palo Cruzao” me mantienen un ritmo acompasando el corazón del llano y marca el paso del caballo imaginario que galopa en cada compás. Pero detrás de ese sonido tan característico hay una historia llena de tradición, ingenio y cultura.
Las maracas tienen un origen muy antiguo. Mucho antes de que existieran los llanos como región porque ya los pueblos indígenas nativos del Orinoco y del Amazonas usaban instrumentos parecidos, hechos con frutas secas, semillas o piedritas donde éstos no eran simples instrumentos hacían parte de los rituales, de las danzas, de la conexión con la naturaleza por lo tanto al sacudirlas, los chamanes creían que podían llamar a los espíritus del bosque o atraer la lluvia.
Con el paso del tiempo y el devenir cultural, tras la llegada de los europeos y los africanos, aquellas maracas ancestrales fueron cambiando por lo que en los llanos colombo-venezolanos los campesinos comenzaron a fabricarlas con un estilo propio y materiales naturales del lugar usando la totuma o tapara (una calabaza seca y vaciada) que servía de cuerpo y el mango de madera que se insertaba para poder sostenerla.
De esa creatividad llanera nació una variante especial como lo son las maracas “palo cruzao” donde su nombre se debe a la forma en que el palo o mango atraviesa la calabaza de lado a lado en lugar de colocarse recto en la base cómo fue el diseño nativo, el diseño “palo cruzao” además de ser más resistente le da al maraquero un mejor control y un sonido más equilibrado.
Gracias a ese “palo cruzao”, el ejecutante puede hacer maravillas rítmicas y se puede apreciar la vistosidad proxémica del maraquero con golpes secos, redobles, acentos y movimientos tan rápidos que pareciera que las maracas tienen vida propia. En un conjunto de joropo con instrumentos ancestrales, las maracas son el alma del ritmo, acompañando a la cirrampla, el cuatro y el furruco con una energía contagiosa.
Pero más allá del sonido, las maracas “palo cruzao” representan el espíritu del llano por aquell mezcla de culturas, el amor por la música y la creatividad del pueblo llanero porque cada par de maracas es único, porque cada artesano las hace a su manera, eligiendo la madera, el tamaño de la totuma y hasta el tipo de semilla que le dará su “voz” particular.
Hoy en día, las maracas “palo cruzao” no solo se tocan en los llanos, también suenan en escenarios internacionales llevando consigo el orgullo de nuestras raíces criollas llaneras nativas por ello cada vez que alguien las agita, se revive un pedacito de historia, de tierra y de tradición orocueseña.

Magistrales Interpretes (Los Niños Orocueseños)
Al observar los niños inmaculadistas de Orocué artistas en potencia como lo son quienes interpretan la Cirrampla: Kevin Cobá, Furruco: Juan Guío, Maracas: Luis González y el Cuatro: Edgar Catimay, todos ellos de ascendencia Saliba, muestra de la cultura ancestral, se denota la destreza para tocar los instrumentos no solo por aquella capacidad nativa, que para nada es intuitiva, sino que gracias al desarrollo del oído entrenado para lograr diferenciar los diversos sonidos de la naturaleza que los rodea, el entorno en el que viven a diario (el llano), los hace desarrollar esa capacidad auditiva para orientarse o evitar el ataque de algún animal salvaje.
Por ello la música que se logra de la cirrampla es de oído, para mayor ampliación del concepto “el niño que lo toca de forma magistral”, no se guía por señales visuales en el instrumento, la guía de él es la agudeza del oído, al igual lo hace el niño (Juan Guío) artista que interpreta el furruco, Edgar Catimay con el cuatro y las maracas de Luis González.
Niños artistas que conceptualizan y entronizan la música como herencia vital ancestral, un cuarteto de música instrumental que fluye vertiginoso entre disciplina de ensayo, destreza, capacidad interpretativa, comprensión de equipo y mucho amor al arte primigenio que resurge y se resiste a desaparecer, se reinventa apoyado en la tecnología moderna de amplificación de sonido digital para lograr perfecta sincronía musical y riqueza audible para ellos que ejecutan los instrumentos de forma empírica con gran profesionalismo y para los observadores-oyentes que se deleitan con las notas musicales es excelso y de gran gozo para el alma y la paz de cada individuo que los ve y los escucha.

Los saberes y experiencias nos muestran que la enseñanza es generada por el Maestro Rafael Antonio Güina Tobar, un Artista Orocueseño que hace parte del Programa Artes para la Paz, como artista formador y quien, desde su cosmovisión empírica por el amor al arte, los guía, instruye y los ha llevado a persistir en el aprendizaje musical instrumental, “nociones musicales que modestamente le transmitieron sus ancestros”.
Fue enriquecedor y contundente adquirir el conocimiento y lograr la sistematización del Programa Artes para la Paz, al iniciar las reseñas de los orígenes de los elementos para la construcción de los instrumentos ancestrales musicales como “la Cirrampla, el Furruco, el Cuatro y las Maracas”.
En las imágenes sustraídas del vídeo producido por Casanari PRENSA.com se puede observar cómo interpretan (tocan) los Instrumentos ancestrales de la música llanera “la Cirrampla, el Furruco, el Cuatro y las Maracas” por los niños de Orocué Kevin Cobá en (la Cirrampla), Juan Guío en (el Furruco), Edgar Catimay con (el Cuatro) y Luis González con las (Maracas).
La presentación artística de los niños representantes del Establecimiento Educativo la Inmaculada del municipio de Orocué, fueron quienes ejecutaron en el marco de las muestras de pequeño y mediano formato del Programa Artes para la Paz, los ya relacionados instrumentos y revelan el realce del talento congénito de los niños artistas de la región llanera y al unísono se reivindican los instrumentos autóctonos ancestrales, los cuales gozan de pequeñas modificaciones en su construcción con acondicionamientos para que suenen mejor y se revivan cómo instrumento mayor como lo es “la Cirrampla y el Furruco” poco conocidos y usados en la actualidad por los músicos llaneros.
Por: Heriberto González Benítez – Gestor Cultural Territorial – Programa Artes para la Paz – Nodo 10 – Casanare.

De Izquierda a Derecha en la última fotografía: Rafael Antonio Guina Tobar (Artista Formador Sabedor PAPP); Hakelin Pedraza Pedraza (Rectora Colegio la Inmaculada); Heriberto González Benítez (Gestor Territorial Nodo 10 Casanare – PAPP).






